domingo, 20 de marzo de 2016

DECÁLOGO DEL ESCRITOR según Stephen Vizinczey

Este decálogo condensa los mandamientos que el escritor actual o el aspirante a ingresar al ingenioso mundo de las letras no debe ignorar; atacando así, las "condenas estereotipadas" del momento, ofreciendo la otra cara anti-esnob de la moneda.


 1. NO BEBERÁS, NI FUMARÁS, NI TE DROGARÁS. (Para ser escritor necesitas todo el cerebro que tienes)

2. NO TENDRÁS COSTUMBRES RARAS. (Un escritor nace del talento y del tiempo… Tiempo para observar, estudiar y pensar. Por consiguiente, no puede permitirse el lujo de desperdiciar una sola hora ganando dinero para cosas no esenciales. A menos que tenga la suerte de haber nacido rico, es mejor que se prepare para vivir en la pobreza. Es preciso decidir que es más importante para uno: Vivir bien o, escribir bien. No has de atormentarte con ambiciones contradictorias).

3. SOÑARÁS Y ESCRIBIRÁS Y SOÑARÁS Y VOLVERÁS A ESCRIBIR.
(No dejes a nadie decirte que estas perdiendo el tiempo cuando tienes la mirada perdida en el vacío. No existe otra forma de concebir un mundo imaginario. Sueña despierto, con los personajes, sus vidas y sus luchas. Toma pluma y papel e intenta relatar lo que has presenciado).

4. NO SERÁS VANIDOSO. (La mayor parte de los libros malos lo son porque sus autores están ocupados tratando de justificarse a sí mismos. Si crees ser sabio, racional, bueno, una bendición para el sexo opuesto, una víctima de las circunstancias, es porque no te conoces a ti mismo lo suficiente para escribir).

5. NO SERÁS MODESTO. (La modestia es una excusa para la pereza, para la complacencia; Las ambiciones pequeñas suscitan esfuerzos pequeños. Nunca he conocido un buen escritor que no intentara ser grande).
 
6. PENSARÁS SIN CESÁR EN LOS QUE SON VERDADERAMENTE GRANDES
(Rechazo, mofas, pobreza, fracaso, una lucha constante contra las propias limitaciones… Tales son los principales sucesos en las vidas de la mayoría de los grandes artistas, y si aspiras a compartir su destino, debes fortalecerte aprendiendo de ellos).

7. NO DEJARÁS PASAR UN SOLO DIA SIN RELEER ALGO GRANDE
(El estudio constante y diario de las grandes obras, absorbiendo las obras perfectas, los modos específicos inventados por los grandes maestros para desarrollar un tema, construir una frase, un párrafo, un capítulo, se puede aprender todo lo que hay que aprender sobre la técnica.

No se puede cometer el error común de intentar leerlo todo para estar bien informado. Estar bien informado sirve para brillar en las fiestas, pero resulta absolutamente inútil para ser un escritor. Leer un libro para charlar sobre el no es lo mismo que comprenderlo. Es mejor releer grandes novelas hasta comprender su estructura, qué la hace dramática, que le presta ritmo e impulso. Sus variaciones en compás y en escala de tiempo, por ejemplo: El autor describe un minuto en dos páginas y luego cubre dos años con una frase…¿Por qué? Cuando hayas comprendido esto, sabrás realmente algo).

8. NO ADORARÁS LONDRES/ NUEVA YORK/ PARÍS. (Aunque vivas en el quinto infierno, no hay razón para sentirte aislado. Si posees una buena colección de grandes escritores y no dejas de releerlos, tiene acceso a más secretos de la literatura que todos los farsantes de la cultura que arcan el tono en las grandes ciudades. Cualquier persona que haya tenido éxito en literatura, lo ha conseguido en sus propios términos).
 
 9. ESCRIBIRÁS PARA COMPLACERTE A TI MISMO. (Ningún escritor ha logrado jamás complacer a lectores que no estuvieran aproximadamente en su mismo nivel de inteligencia general y que no copmpartiera su básica ante la vida y sus perspectivas. No vale la pena esforzarte por intersarte en algo que te resulta aburrido. Elige como tema cualquier cosa en la que no puedas dejar de pensar. Stendhal dijo que la literatura es el arte de la omisión, y hay que omitir yodo lo que no nos parece importante.

No es fácil, por supuesto, ser fiel a lo que realmente nos importa. Pero cuando escribes tienes que resistir la tentación. Si te complaces a ti mismo, tienes la posibilidad de escribir algo que les agrade a millones. Y es porque, quien quiera que seas, hay en el mundo millones de personas mas o menos parecidas a ti).

10. SERÁS DIFÍCIL DE COMPLACER. (Escribir empieza a ser emocionante de verdad cuando vuelvo a un capítulo un par de meses después de haberlo escrito, así puedo examinar el capítulo durante el tiempo suficiente para aprendérmelo de memoria, y si no puedo recordar algo, suelo descubrir que no era correcto, o era inútil.
La memoria es un buen crítico).

(Verdad y mentiras en la literatura- El espejo de tinta/ Grijalbo)
 
 

Advertencias de un escritor

Gabriel García Márquez 
  1. Una cosa es una historia larga, y otra, una historia alargada.
  2. El final de un reportaje hay que escribirlo cuando vas por la mitad.
  3. El autor recuerda más cómo termina un artículo que cómo empieza.
  4. Es más fácil atrapar un conejo que un lector.
  5. Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca, porque luego siempre queda algo de esa voluntad.
  6. Cuando uno se aburre escribiendo el lector se aburre leyendo.
  7. No debemos obligar al lector a leer una frase de nuevo.
Algo muy grave va a suceder en este pueblo

Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.


Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

 Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.


Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

* Cuento contado: En un congreso de escritores, al hablar sobre la diferencia entre contar un cuento o escribirlo, García Márquez contó lo que sigue, “Para que vean después cómo cambia cuando lo escriba”.